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Me perdonan, pero Bogotá es una ‘gonorrea’ [opinión]

Me perdonan, pero Bogotá es una ‘gonorrea’ [opinión]

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Uso el término ‘gonorrea’ por su poder, por su autenticidad, porque así me dijeron mientras me atracaron y porque realmente describe esta maldita ciudad. De Bogotá se ha dicho de todo, que tiene gente linda y amable, que tiene buena gastronomía y que el Transmilenio es un sistema que se debería aplaudir y replicar. Pero yo me pregunto: ¿acaso eso no es lo normal, lo mínimo? ¿No debería ser la norma que una ciudad tenga gente buena, amable con los turistas y con sus mismos ciudadanos; que se pueda emprender, crear buenos restaurantes, ejecutar buenas ideas y llevar a cabo lo que todos llamamos ‘calidad de vida’?

Pues la calidad de vida en Bogotá es una mierda. Seguramente esta columna se ha escrito una y otra vez. Lo peor de todo, es que se seguirá escribiendo, porque no va a dejar de pasar. La semana pasada, a mi compañero Sergio Fabara le robaron la maleta con la cámara de ENTER.CO en la 116 con novena. Hoy, me tocó a mí; dos hampones en bicicleta me pararon en la 90 con octava para robarme el celular. Y no señor Petro, no estaba dando papaya. O bueno, qué sé yo . Si andar con capucha con los audífonos escondidos y el celular en el bolsillo es dar papaya, pues sí. A ambos nos sacaron un cuchillo para intimidarnos. En el pasado, a nuestra colega Ericka Duarte le robaron el celular en la 87 con 19, en frente de ENTER.CO, cuando una moto pasó y le rapó el equipo. A Camilo Martínez, otro de nuestros colegas, los cogieron saliendo cuatro tipos de una estación de Transmilenio y lo dejaron limpio.

¿Qué lugar tiene una queja típica en un sitio de noticias tecnológicas? Eso lo pueden decidir ustedes, nuestros lectores, pero creo que tenemos más razones que muchos medios para publicar este texto. Nuestro especial sobre el robo de celulares pasó por debajo del radar, superado por notas como el último tráiler de (insertar aquí el último superhéroe). Eso en sí no es culpa de nadie, ni nada malo. Es solo un síntoma de lo que sentimos por el bienestar del otro, de la salud del lugar donde vivimos.

Sí, las cifras dicen que se han disminuido en un 40% los robos de celulares, pero eso todavía no es suficiente. Según las últimas estadísticas, se roban más de 3.000 celulares diarios en Colombia, eso es casi tres por minuto. En Bogotá, se robaron 456.380 celulares en todo 2014, según cifras de la Policía. Esto es lo mismo que decir que en esta ciudad, el año pasado, se robaron, en promedio, 1.250 celulares por día, 52 por hora, más de dos en tres minutos. En lo que se han demorado leyendo este texto se robaron dos o tres celulares en este país. Y eso que estamos mejorando…

Pero el robo de celulares, computadores y cámaras es solo el síntoma de la enfermedad. Lo que tenemos que curar es la clase de sociedad que somos, porque estamos en el hospital. El otro día vi un tuit que me llamó la atención. Catherine Juvinao C. dijo: “El ciudadano avivato no piensa muy distinto al político corrupto. La diferencia es que el segundo tiene poder”. Yo le agregaría que el ciudadano avivato no piensa muy distinto al ladrón común y corriente. La diferencia es que uno se atreve y el otro no.

Me perdonan, pero Bogotá es una ‘gonorrea’ [opinión]

Ese es el gran problema de Bogotá y, creo, de Colombia. Como nunca he vivido fuera de Bogotá, solo voy a hablar del caso de la capital, pero creería que pasa en otros lugares del país. Aquí no somos solidarios, somos exactamente lo opuesto: siempre queremos ser el más vivo o el más ‘avión’. Acá se celebra el que logra colarse en una fila, se chifla a la Policía por tratar de arreglar el tráfico y se recompensa con fama y una posible sesión de fotos en Soho a la joven que le metió un cabezazo a un oficial.

Sí, Colombia podrá tener muchas cosas buenas, pero no tiene nada fuera de lo común. Bogotá es como ese amigo que la vive ‘cagando’ pero siempre lo excusan porque es buena gente. ¿Acaso eso no debe ser lo mínimo? ¿El punto de partida no debería comenzar siendo una buena persona? Eso no se debería celebrar, debería ser simplemente lo básico.

Pues acá no. Acá todos volteamos la cara ante un crimen, acá nadie llama a una autoridad si ve algo sospechoso. Es más, en esta metrópolis de casi ocho millones de habitantes, la norma es dejar que las cosas pasen, sin decir nada.

Aquí no se puede sacar un celular porque desde que leyeron la última cifra se robaron otro par de dispositivos. Adiós a las aplicaciones de ciudad, esas que ayudan al transporte, a reportar crímenes y a solucionar problemas. Acuérdate de lo que dijo el burgomaestre de esta increíble ciudad: “¿Es válido sacar el celular a contestar una llamada o hacer una llamada en la calle? Pues creo que aquí hay una campaña de cultura ciudadana que debemos acometer…no usar el celular en la calle”.

Esa es Bogotá, una ciudad donde la recomendación del Alcalde para que no lo roben es no usar un dispositivo en la calle creado especialmente para usarlos afuera. Esa es Bogotá, donde nadie te ayuda, nadie colabora y todos buscan sentarse en las sillas azules del Transmilenio, sabiendo exactamente para qué son.

En todas las ciudades roban, pero aquí lo que duele es cómo. Desde las declaraciones del alcalde, hasta el incomprensible sistema de las cláusulas de permanencia. Desde el que mira para otro lado hasta el que se cuela en la fila. Me acuerdo cuando estudiaba en Los Andes que un profesor me presentó al concepto del ‘CYV’; el famoso ‘como voy yo’. Aquí todos preguntan: “¿y ahí, cómo voy yo?”. Es lo único que importa, sacar la tajada.

Nadie echa una mano porque no hay nada que ganar, y posiblemente, se puede perder todo. Y lo triste es que nadie se da cuenta que entre todos estamos hundiendo esta ciudad en un mar de mierda. No tener conciencia ciudadana impacta absolutamente todo.

Un simple ejemplo: Si me roban el celular, es muy probable que no vuelva a comprar uno caro. Los celulares caros son los que más margen dejan, por lo que las empresas fabricantes dejarán de hacer campañas y traer estos equipos al país. Al haber menos dispositivos, los fabricantes de apps dejarán de emprender y las grandes empresas dejarán de invertir en soluciones móviles, lo que impactará directamente la innovación del país, pegándole al PIB y aumentando la pobreza. Esto puede ser una visión económica simple, pero no dista mucho de la verdad.

Estoy triste. Tengo dolor de patria, dolor de ciudad. Me duele que un amigo se haya tenido que tirar al piso porque le trataron de cortar la correa de la maleta con un cuchillo y se sintió responsable de perder una cámara ajena, estoy triste por la señora que quedó llorando porque le robaron la cartera (escena que se ve cientos de veces en Bogotá) y sigo triste por mi amiga que entró llorando a la oficina después de ahorrar mucho tiempo para comprar su iPhone.

Estoy triste porque en Bogotá se roba sin consecuencias y todos aportamos un grano de arena para que ese problema siga igual. Porque todos –o la gran mayoría– se cuelan, hacen la maña y roban a su manera. Los robos de los ñeros y hampones que plagan la ciudad no están muy lejos. Estoy triste porque en la capital colombiana te puede robar un ladrón con un cuchillo en la calle por tu celular, o en la Bogotá Humana cualquier ‘amigo’ te puede clavar un cuchillo por la espalda por unos pesos.

En últimas, todos son iguales.

PD: Ofrezco disculpas a esas personas buenas, que se preocupan por la ciudad, que reportan, así sea por Twitter, las incidencias y las flagrantes violaciones de la ley. Por la naturaleza del texto hay que generalizar, pero sé que Bogotá está llena de gente buena, solo que a veces siento que perdemos la batalla y estamos a años luz de ganar la guerra.

Nota del editor: Esta nota fue actualizada para reflejar de manera más precisa las estadísticas de Bogotá y Colombia. Gracias a @tutorsena por su aclaración.

Imagen: Captura de pantalla de Jurassic Park, Fotos593 (vía Shutterstock).

bogotá es una mierda robo de celulares

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  • a quien juzgue mi camino le presto mis zapatos

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