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El reto de comprar lo que se va a consumir - GranadaiMedia

El reto de comprar lo que se va a consumir - GranadaiMedia

María Martínez, en su negocio de venta a granel en el barrio de La Magdalena. Fotos: Lucía Rivas

Un dato tremendo para empezar: cada español tiró 31 kilos de alimentos sin consumir a lo largo del año 2020. Si se tiene en cuenta que la población del país supera los 47 millones de habitantes, es sólo cuestión de hacer un cálculo sencillo para comprobar que el resultado es una barbaridad.

Así que el reto se cae por su peso: deberíamos ajustar nuestro punto de mira e intentar comprar sólo lo que prevemos que vamos a consumir. Esos envases gigantescos que compramos por razones tan convincentes como que pagamos dos y nos llevamos tres, tienen bastantes probabilidades de estropearse en la despensa o el frigorífico. Como decían los abuelos, no hay que llenar el ojo antes que la tripa.

Granel de la Magdalena es un establecimiento que abrió a finales de 2019 en el centro de Granada (en concreto en la calle Darrillo de Magdalena, casi llegando a Alhóndiga) para ayudar a quienes acepten ese reto. Su estrategia es la venta a granel, como se hacía muchos años atrás. Allí hay todo tipo de legumbres, bastantes variedades de pasta, arroz, café, fruta deshidratada, especias… Un surtido bastante completo.

El sistema es sencillo: el cliente pide lo que quiere y la tendera se acerca a los paquetes y con una paleta saca la cantidad solicitada. La pesa, la cobra y el usuario se lleva lo solicitado a casa. Envuelto en papel, nunca en plástico. Allí eso estaría muy mal visto.

Fácil y… sin plásticos

«¡Está prohibido!», bromea la propietaria del local, María Martínez, una joven nacida en Burgos y criada en Torrevieja que llegó a Granada en 2019. Poco después montó el negocio porque pensó que podía funcionar. No tenía experiencia en ese campo, pero confiesa que siempre le interesó «lo relacionado con la alimentación ecológica y los remedios naturales». Sabía que en otros sitios trabajaban con éxito ese modelo y se lanzó pensando que era «el sueño que perseguía».

En Granel de la Magdalena, los productos están en bolsas de tela, allí el plástico sobra.

Como ha quedado claro, el respeto al medio ambiente y la defensa a ultranza del reciclaje son dos normas básicas del negocio. La tienda pone a disposición del cliente envoltorios de papel, pero éstos también pueden llevar sus propios recipientes. «Elpapel que aquí utilizamos es reutilizable y aconsejamos a quienes vienen que también hagan uso de ese tipo de material. Al final de su vida útil se podrá reciclar, pero como último recurso y después de darle un uso», resalta.

Cree que la filosofía que rige entre esas cuatro paredes la está adoptando cada vez más gente y vaticina que irá en aumento. No sólo por consumir menos plástico, que ahora hasta podría ser un problema menos acuciante «porque muchas bolsas ya están hechas con material que se puede compostar», sino porque, y volvemos al punto inicial, lo suyo es comprar lo necesario. «El desperdicio alimentario es tremendo», objeta.

Otro detalle de la céntrica tienda de venta a granel.

El reto de comprar lo que se va a consumir - GranadaiMedia

Le van bien las cosas. Durante el confinamiento, que llegó cuando la tienda sólo llevaba unos meses en marcha, la facturación bajó pese a que, al vender productos esenciales, nunca cerró sus puertas. «Pero fue un periodo en el que muchos compraron por internet o apostaron por las grandes superficies». Para comprar a mansalva, por cierto, aunque eso no lo dice ella. También menguó durante un tiempo la clientela procedente de pueblos cercanos, pero ahora la situación se ha «recuperado» y el futuro se puede encarar con relativo optimismo.

Vamos de tiendas ecológicas

No muy lejos de allí, en la calle Sócrates, a tiro de piedra de Pedro Antonio de Alarcón, se ubica Biosfera. Su propietario, Mario González, trabajó antes en un horno de pan ecológico en Quéntar y allí le entró el gusanillo por los productos ecológicos.

Está absolutamente a favor de «la filosofía que consiste en comprar lo que necesitas» y que el cliente se lo lleve «en papel o en bolsas compostables». Allí hay también productos a granel, aunque menos. Para compensar, ofrecequesos, embutidos, lácteos, chocolates… Alimentos todos que procura que lleguen al establecimiento «empaquetados en envases que no contengan plástico, aunque por desgracia no siempre es posible».

«Se tira mucha comida en las casas, pero sobre todo en los restaurantes. Allí es una barbaridad», recalca el empresario, que está apuntado a una iniciativa encaminada a evitarlo en la medida de la posible. Se trata de una aplicación de móvil llamada Too good to go (traducible por «demasiado bueno para tirarlo»), detrás de la cual hay una empresa que gestiona la venta de una suerte de paquetes sorpresa con comida próxima a echarse a perder y disponible a un precio más barato. Lo de sorpresa viene porque el paquete tiene un contenido heterogéneo que elige el vendedor y el cliente se lleva a ciegas.

Interior de Biosfera, tienda ecológica cercana a Pedro Antonio de Alarcón.

«Hago esos paquetes cuando veo que me van a sobrar cosas. El resto es fácil: viene gente que tiene esa aplicación en el móvil, pide uno o más paquetes y se los lleva a un precio razonable. Y el resultado se nota, porque lo cierto es que ya apenas tiramos nada», cuenta.

Para la tienda, el beneficio de esta iniciativa no es mucho, porque la empresa que hace funcionar la app se lleva un porcentaje. «Pero teniendo en cuenta que la otra opción es tirar, merece la pena», se consuela.

Trabajando con los modestos

Biosfera no trabaja con las grandes plataformas de distribución. Prefiere hacerlo con cooperativas y pequeñas empresas que ofrecen productos recién salidos de la huerta, como quien dice. Por ejemplo, manzanas que no lucen tan brillantes como las de una gran superficie pero que, asegura, están mucho más sabrosas.

Porque en esto es importante no dejarse engañar por la vista. «Una manzana es brillante porque está encerada. Parece salida de un cuento, pero en realidad ha estado en contacto con pesticidas, herbicidas y demás. Productos que una manzana ecológica no los ha visto siquiera», indica.

Sin ser un sentido como el de la vista, hay otro factor que lleva a muchos consumidores a desconfiar de los productos ecológicos: su precio. Mario González concede que «obviamente son más caros», y lo son por muchas razones. «Si en un campo hay una plaga, se puede fumigar y listo, pero también se puede tirar de recursos y soluciones naturales, y eso cuesta. Por ejemplo, en los huertos naturales la mala hierba se suele quitar a mano».

En las estanterías de BIosfera hay productos de todo tipo.

Hay otro inconveniente, una especie de tributo que se debe pagar por fomentar lo natural. «Nuestros productos, para obtener una certificación ecológica, deben pagar a una empresa certificadora y abonar después una cuota periódica. Todo eso, por no hablar de que trabajamos con microempresas que no pueden poner precios tan bajos como las que te venden cien mil kilos de lo que sea», continúa.

Sugiere como soluciones que se subvencione al sector y que se diseñen campañas de promoción de cara al ciudadano. «Ya se hace algo, pero luego hay reacciones adversas de algunos cuando se apuesta por lo natural. No hay más que ver la que se ha liado cuando un ministro ha hablado de las macrogranjas y la agricultura intensiva», concluye.

Una clientela concienciada

En el mismo sector se mueve Romualdo Benítez, que regenta el Ecosúper de la calle Molinos, en el Realejo. Allí, su clientela lleva «casi a rajatabla» eso de comprar lo que necesita. «Están concienciados de que no se deben generar más residuos de la cuenta», afirma, y para subrayarlo dice que ni siquiera se ha apuntado a eso del Too good to go «porque no nos hace falta, porque lo poco que nos sobra lo regalamos a los usuarios, lo repartimos entre los de la tienda o, en última instancia, se lo damos a un cliente que tiene gallinas».

Asiente cuando escucha la recomendación de desconfiar de la fruta muy brillante «porque ahí hay algo detrás» y niega categóricamente que la fruta ecológica se eche antes a perder. «Una profesora de la Universidad de Valencia demostró que es al contrario, que puede llegar a durar hasta quince o veinte días más».

Romualdo Benítez, en el Ecosúper que regenta.

Respecto a fórmulas para abaratar los precios, cree que lo primero, y también lo más lógico, sería «penalizar a los que producen con pesticidas, aplicarles un impuesto que haría lo ecológico más competitivo».

De todas maneras, Romualdo Benítez opina que lo natural está en alza. Y a que se siga por ese camino podrá ayudar que no pocos agricultores «se están pasando a lo ecológico porque nosotros les compramos sus productos a un precio justo. Yo puedo darles 65 céntimos por un kilo de naranjas, frente a los siete céntimos que les dan los gigantes, que además son los que fijan los precios y no dan pie a negociaciones. Yo, en cambio, sé que si ese pequeño productor me vende más caro es porque tiene que hacerlo, de la misma forma que, si tiene excedentes de algo, sé que me va a vender más barato».

«Los agricultores -agrega- van a tener que diversificar su producción y hacer cambios, pero al menos podrán vivir y no estarán esclavizados. Si quieren seguir viviendo en el campo y del campo, esa pequeña transformación es la que les va a permitir hacerlo», remacha.

El establecimiento ya se ha convertido en un clásico del barrio del Realejo.

Otros negocios de venta a granel en los barrios de Granada

Sabemos que en los barrios de Granada existen otros negocios que se dedican a la venta a granel. Si conoces alguno, indícanos nombre y dirección en los comentarios para intentar elaborar una lista o mapa con todos ellos. ¿Nos ayudas?

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  • de que material estan hechas las bolsas ecologicas

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